martes, 13 de diciembre de 2016

EL TERCER PARTIDO DE BOSCH (1)


"Mi renuncia es voz ante el peligro y el peligro es el contagio de las malas costumbres políticas; el peligro es el ejemplo malsano de los partidos personalistas; el peligro son las proposiciones engañosas e inmorales  de éstos; el peligro es la impaciencia; el peligro es la falta de fe en el ideal; el peligro es el canto de sirena del presupuesto, la tentación de las joyas del poder". (Carta  de Américo Lugo a los miembros del Partido Nacionalista, publicada en el periódico Patria, 30.01.1926. Colección AGN. Pag. 95.)

Desde adolescente mi interés por las humanidades, literatura, filosofía, historia, etc., me acercó a la admiración de las obras literarias de Juan Bosch. De ahí a su práctica ético-política. Aunque nunca milité en su partido, y a pesar del sectarismo que se practicaba de uno a otro partido, la admiración por Juan Bosch perduró. 

Consciente de que ya es un personaje insigne en la historia dominicana, quien lo admire no tiene que ser necesariamente peledeistas (del PLD, actual partido gobernante en Rep. Dominicana) como creen muchos de esa organización, queriéndolo acaparar como su patrimonio exclusivo, intención que ahora se les debilita por su proceder que desmiente los principios de su fundador.



Juan Bosch
Es sintomático que alguien como el periodista José Báez Guerrero ( Los Cuarenta Años del PLD. HOY,17.12.2013) se despache diciendo que con Juan Bosch el PLD no hubiese llegado nunca al poder; que "la sociedad dominicana ha evolucionado de manera tan dramática que si Bosch pudiera venir por un "túnel del tiempo"(...) difícilmente lograría los éxitos de antaño"; que algunos (supongo que tendré que incluirme yo) "lo que quisieran es que el PLD fuera guiado de la manera emotiva y peligrosa de dinosaurios políticos"(subrayado mío jprt);  y para concluir  que "sin su fundador ese partido es mucho más potable, viable y exitoso que cuando dependía de los humores de don Juan"; repito, es sintomático que el mencionado periodista se despache con esas expresiones y que las mismas no tengan ninguna consecuencia, que ningún alto ni medio dirigente peledeista se inmute siquiera; en fin, que ningún miembro partidario al menos haya resaltado la visión y capacidad histórica y científica de Juan Bosch para adaptar la política a los tiempos y no quedarse, como indirectamente insinúa Guerrero, cual "dinosaurio político". 

Ahora es normal que callen, otorgándole la razón al periodista citado, pero es la lógica consecuencia de las alianzas que han montado con la derecha dominicana. Es síntoma de que el PLD de  los otroras objetivos políticos éticos, y tendentes a cambiar el atraso del pueblo dominicano, no es el norte de los dirigentes de ese partido.

El clientelismo, el patrimonialismo y el caudillismo-autoritarista es la seña de identidad de la República Dominicana desde su fundación en el siglo XIX.  La oligarquía fijo ese modo de hacer política desde Tomás Bobadilla hasta Santana, siguiendo con Buenaventura Baéz  y Ulises Heureaux imponiéndose ante los criterios de Duarte , los  Trinitarios y Luperón que nunca abandonaron la idea de una República Dominicana sin ninguna injerencia extranjera y regida por un Estado burgués-liberal.  Consumada la Independencia, ya con el primer gobierno de la nueva República, esa oligarquía se impuso haciendo renunciar a Francisco del Rosario Sánchez como primer presidente de la Junta Central Gubernativa, que es como decir el primer Presidente de la República, para colocar a Tomás Bobadilla. Luego  dirigidos por Duarte se dió un contra-golpe de Estado para colocar de nuevo a Sánchez;  luego otro dado por Santana, y así por el estilo...



Juan Pablo Duarte, forjador teórico de la naciona-
lidad dominicana.
La pequeña burguesía dominicana, al no tener una conciencia de clase y ser débil económicamente, realmente fue engullida por la oligarquía pro-extranjera y se enfrascó en una lucha en la que cambiaba de color siempre en favor de ésta última. A pesar de sus contribuciones a la causa de la Independencia y la Restauracion de la República , Sánchez colaboró con Báez que era afrancesado y luego pro-americano;  Mella con Santana que era pro-español. Esto se debió, tal y como lo dice Bosch, a que Baéz y Santana se convirtieron en líderes de las diversas capas de la pequeña burguesía en uno que otro periodo. Luego de los éxitos en la Guerra Restauradora,  sus protagonistas, Luperón, Gaspar Polanco, Pimentel, Monción, Salcedo, etc., se enfrascaron en la lucha internas entre ellos, imposibilitando vertebrar un Estado-Nación moderno, y no habían salido todas las tropas españolas de nuestro territorio cuando ya Báez se hizo con la presidencia de la República.

 Destacarse en alguna guerra como militar era casi la única manera que poseía la pequeña burguesía para obtener estatus social y ascender económicamente; tenía poco que perder y mucho por ganar;  de ahí la justificación de ese arrojo con el que encararon acontecimientos como el 27 de febrero y la Guerra Restauradora.  Cuando los intentos de dotar a la República Dominicana de ese Estado moderno y liberal  se materializaban levemente en el gobierno ( como las breves administraciones de Luperón, Espaillat o Meriño) la oligarquía se encargaba de fulminarlos colocando a sus títeres siempre proveniente de esa pequeña burguesía que tenía al Estado como su medio de ascenso social y enriquecimiento. Es el caso de Ulises Heureaux. Luego de la relativa estabilidad y progreso de la "Era de Lilís", a principio del siglo XX se reeditaron  los enfrentamientos entre caudillos pequeño burgueses en la montoneras o "revoluciones" que armaban cada uno para destituir del poder al otro. Esto perduró hasta la Ocupación Militar Norteamericana de 1916 que ellos mismos, en parte, causaron.

Con el fin de educar a esa pequeña burguesía dominicana, Juan Bosch "le puso tarea":  estudiar en círculos de estudio como condición sine qua non para ser simpatizante o militante del segundo partido que fundó, el de la Liberación Dominicana. Así erigió, sin duda, un  partido con una organización y disciplina como no se había visto nunca en la historia de la República Dominicana desde su fundación en 1844, ni en toda Latinoamérica.



Américo Lugo, educador, historiador y pensador dominicano
Américo Lugo, a quien se considera el creador del primer partido burgués-liberal, poco tiempo después de fundar el Partido Nacionalista renuncia al mismo al percatarse  que los que le rodeaban:  hacían alianzas con otros partidos para repartirse empleos; no comprendían los estatutos del partido que instituían que los cargos no eran de las personas sino del partido; se preparaban para apoyar la ratificación de la Convención Dominico-Americana que legalizaría la entrega de la soberanía dominicana a Estados Unidos; en fin, no actuaban bajo el enunciado "Principios, no hombres", el lema de ese partido que procuraba un Estado moderno.

Juan Bosch procedió de la misma manera en 1973 al abandonar el PRD y fundar el PLD. Con ligera diferencia vio lo mismo que Americo Lugo: el clientelismo y el patrimonialismo en su antiguo partido. Y sendos procederes no son extraños. Ambos fueron educados bajo el influjo de la corriente positivista de Eugenio María de Hostos, ambos eran hostosianos, por lo que se regían por  principios y valores éticos. Los dos consideraban que desde la Independencia en 1844, no se había conformado un Estado nación modernos que tuviese la participación del pueblo, que era un Estado fallido; que el pueblo dominicano no tenía una cultura política, ni conciencia nacional, ni conciencia de clase. En consecuencia, sus partidos tenían el objetivo de completar todos esos vacíos

 (Aquí debo apostillar una diferencia entre Juan Bosch y Américo Lugo. En el segundo hay una suerte de hispanismo y elitismo bastante acentuados, al parecer influenciado por la filosofía de José Ortega y Gasset, esencialmente la  expresada en su libro "La Rebelión de las Masas", que contrario a lo que se pueda creer con semejante título de evocación insurreccional, no es la exaltación del pueblo, sino la lamentación de que en la época que vive hay una excesiva presencia de "la masa" ignorante en todo y por doquier. De igual manera  Américo Lugo considera que ese pueblo, clase inculta e incapaz "vive sin freno asaltando el poder a todas horas" y a la que consideraba "sólo capacitada para elegir alcalde pedáneo". 
Por su parte Bosch, creyendo en el fondo también eso, en cambio consideró emprender su educación a la vez que le daba participación política;  y a eso se dedicó).

Después de pasarse más de media vida dándole conciencia política a la pequeña burguesía y al pueblo dominicano y ejemplos prácticos de honestidad, Juan Bosch de nuevo se percata que sus discípulos se desesperan por llegar al poder; que están cabildeando tratos con la derecha; que van por una deriva peligrosa. No por otras razones renuncia como presidente del partido en 1990 y dice quedarse como miembro solamente. Entonces afloran preguntas acerca de sus discípulos y su comportamiento traidor en el momento en  que el líder estaba casi inhabilitado por una enfemedad: ¿Por qué se desesperó Leonel Fernández y toda la dirección del PLD en 1996 cuando prácticamente en 1990 habían ganado las elecciones y en 1996 podían ganarla solos sin esa alianza "patriota" y macabra con la oligarquía y la ultraderecha dominicana, alianza que hasta destilaba racismo?  Resuena Juan Bosch para responder la interrogante: 


"El predominio de la  pequeña burguesía en nuestro país(...) lanza a la vida política(...) a gentes que resultan radicalizados por las desesperaciones con la que desean resolver sus problemas vitales; y esa personas lo mismo escogen la vía de la revolución a ultranza, que la vía del servicio a  los sectores de la extrema derecha"(Revista Politica del PRD.1972)
 
El famoso pacto “Frente Patriótico” en el que el cínico y maquiavélico Joaquín Balaguer entregaba la militancia del Partido Reformista al PLD. El gesto ausente de Juan Bosch evidencia que ni se imaginaba lo que ese encuentro significaba para él: la traición de los discípulos al maestro.



Ese pacto todavía derrama su influencia incrustada hasta el tuétano en el Estado dirigido por el PLD en diferentes gobiernos. Aguantando todos estos años al cavernario y sibilino Vincho Castillo y otros funcionarios ultraconservadores y neotrujillistas-balagueristas sin el menor asomo de rubor.  Si el inexorable tiempo y la enfermedad que ya se le echaba encima no hubiesen sido como fueron, sin duda Juan Bosch habría fundado un tercer partido. Pero la realidad fue otra... (Continúa...)




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