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sábado, 12 de mayo de 2018

GREGORIO LUPERÓN* A TRAVÉS DE SUS ESCRITOS(1)


PRIMERA PARTE 
 -Introducción-



    

El pasado de Latinoamérica ha sido una particularidad de lo militar, del hombre fuerte, del caudillo autoritarista, y asimismo esos elementos han sido una atracción fatal para sus mandatarios, líderes y gobernados. Por eso el papel de las fuerzas militares en nuestra  historia y el papel jugado por sus miembros en uno que otro periodo de nuestra historia común.

DICTADOR MILITAR  DOMINICANO
RAFAEL L. TRUJILLO.
De ahí que el autoritarismo en todos los estamentos permanezca muy presente en la mentalidad de la sociedad y de los políticos de izquierda y derecha: así se fundó la República Dominicana desde 1844 con Pedro Santana,  tradición que tiende a reproducirse generación tras generación. Por esas razones no es extraño que cuando las patrañas de los políticos y la situación social se recrudecen desesperando a las masas, logramos escuchar de gente del pueblo "aquí hace falta un Trujillo". 

En el caso de la izquierda, ésta tampoco ha superado esa permanente atracción  y erótica del traje militar, ya sea porque en el caso de la admirada revolución cubana sus dirigentes  lo llevaban permanentemente, igual que en el chavismo, o por la admiración hacia los íconos guerrilleros como la imagen del che Guevara, el coronel Caamaño en la Guerra de abril o en la guerrilla de febrero de 1973...



    EL MILITAR FRANCISCO ALBERTO
CAAMAÑO, FORMADO EN LA
DICTADURA DE TRUJILLO, LUEGO

SUPO ESTAR JUNTO AL PUEBLO.
DIRIGIENDO LA GUERRA DE ABRIL
DE 1965.    
Por eso no es raro que al poder le encante presentar a los próceres de las luchas independentistas del siglo 19 engalanados con sus trajes militares. Claro, muchos lo fueron de vocación como Simón Bolívar que además tenía sueños imperiales, ya que fue muy admirador de Napoleón Bonaparte a quien quiso emular intentando fundar un gran imperio latinoamericano.

Pero el caso de Bolívar los podemos contrastar con la mayoría de  próceres y caudillos dominicanos, de los que mencionaré a Francisco del Rosario Sánchez, Juan Pablo y Vicente Celestino Duarte, Matías Mella, Pedro Santana, Gaspar Polanco, Pimentel, Gregorio Luperón... Para todos ellos, convertirse en militar fueron circunstancias ocasionales.

Las ideas de Juan Pablo Duarte (prócer instituido como el "Padre de la patria" dominicana), por ejemplo, no inducen a pensar que le deleitaba en demasía que le llamasen militar,  comandante o general Duarte. Pero año tras año, celebración tras celebración, los políticos insisten en ello pues en su sicología profunda desean que se reproduzca y permanezca esa mentalidad del autoritarismo y el hombre fuerte, para seguir comportándose en el Estado como mandones arbitrarios, abusivos e injustos. 

De ahí que  ser presidente de  República Dominicana o países latinoamericanos, es serlo del régimen presidencialista, del hombre imprescindible para todo, el de la última palabra. Ni la derecha, ni los social-demócratas ni la izquierda marxista trabajan por una república parlamentaria. Creo que esta propuesta nunca les ha pasado por la cabeza.


Y penetrando en el caso que nos atañe, observemos el ejemplo de Gregorio Luperón a quien se ha presentado toda la vida con el clásico traje militar y pocos conocen u obvian la fotografía que ilustra el arranque de este texto;  pero él mismo es la más contundente desaprobación de la preeminencia de esas imágenes castrenses cuando en ocasión de rechazar el puesto de Comandante de Armas, 
 porque ese destino se hallaba "en abierta oposición a mis deseos", así se expresó:

"Son las circunstancias excepcionales de la Revolución, las que me han decorado con el título de General, nunca he sido militar y prefiero ante todo el dictado de Ciudadano. Al lanzarme a la arena de la Revolución sólo he tenido por móvil el ansia de ver restaurada la República, sus leyes y libertades". (1)

Es ampliando esa frase con su práctica y revisando sus escritos como constataremos su vocación de "ciudadano", que por cierto no es una palabra gratuita, sobre todo cuando Luperón la trascendentaliza escribiendo en mayúscula su primer fonema.(2)

Como arranque de este análisis, podemos decir que ningún líder político del siglo XIX representa con tanta certeza la fisonomía generalizada del pueblo dominicano caracterizada por una población mayoritaria de afrodominicanos, es decir con ese mestizaje fruto de la cohabitación de hombres blancos con mujeres negras, o fruto también del derecho de pernada que ejercían los esclavista o amos sobre esclavas y criadas. 

Baste constatar que Buenaventura Báez, cinco veces presidente de la Républica (y según los estudios padre de la oligarquía dominicana debido a las uniones que sus descendencias cristalizaron con otras familias adineradas hasta nuestra época) fue hijo de una esclava de la que dispuso su padre Pablo Altagracia Báez. Así fue la formación del conglomerado dominicano.





Seguimos...Si no yerro, ningún líder político o prócer del siglo 19 plasmó tanto por escrito su pensamiento y afanes para que su país se encauzara por el desarrollo económico y democrático. Ninguno como Gregorio Luperón. Y ninguno como él fue cronista de los acontecimientos de los que fue partícipe, los cuales nos dejó en sus "Notas Autobiográficas y Apuntes Históricos"(3) lo cual evidencia "su conciencia histórica", al decir del historiador Roberto Cassá.



IMAGEN DE UN GREGORIO
LUPERÓN EN SU MADUREZ.
Además completa su personalidad el haber sido de ascendencia pobre y esclava; se formó a sí mismo y tuvo que trabajar afanosamente para sí y la familia, por lo que a la escuela "iba cuando podía". Así se auto-caracteriza:


"Desde niño tenía que trabajar sin descanso, para ayudar a llenar las necesidades de la familia, yendo de noche a pescar al mar (...), trabajando pan por la madrugada, vendiendo frutas en el mercado, dulces en los cuarteles y agua en un burro el resto del día".(4)

Gregorio Luperón tenía vocación de burgués. Dados los antecedentes de su infancia, siempre en una actividad comercial, a los veintes años ya estaba establecido con un negocio en Sabaneta del Yásica, en su provincia natal Puerto Plata. Muchas de las responsabilidades de gobierno rechazó por dedicarse a su actividad comercial, pero también se sirvió del Estado en algún momento para reforzarlas.(5) Su lucha es la lucha de la pequeña burguesía media por desarrollarse, ascender, ser de los "dones" de la época. E igual que la clase comerciante de la ciudad a la que pertenecía Juan Pablo Duarte, luchaba porque su actividad no fuera regida por intereses extranjeros, los cuales eran una patente traba a su desarrollo.

El retorno de la dominación española en 1861 discriminaba a los nativos, y siendo que en Cuba y Puerto Rico mantenían la esclavitud, esa anexión no auguraba nada bueno. Por tanto para Luperón y el pueblo dominicano fue un imperativo deshacerse de la dependencia con España para que su clase social siguiera ascendiendo y para que la sociedad dominicana mantuviese estabilidad, no estuviese expuesta a sobresaltos que castraran su desarrollo. Y esto, aún siendo que era luchar por sus intereses, igualmente lo era por su país  como lo haría toda burguesía nacionalista.

 Por eso su admiración por Francia a la que denominó "el lazo de confraternidad de la democracia universal". Acerca de la vida allí comentaba por carta y  maravillado a un amigo desde sus funciones diplomáticas y periplo por Europa:



"Usted no ignora lo que es esta vida de por acá, porque nadie nos habla de revoluciones, ni de conspiraciones(...) y se sienta uno a comer tranquilo y se acuesta en paz y se despierta cada día para ver algo nuevo y a aprender, pensar, admirar nuevos descubrimientos, nuevas obras de utilidad pública y mil cosas prodigiosas. (...) Vida en que uno se siente libre y se halla garantizado en un orden legal estable y dispone de sus movimientos, de su tiempo, de su independencia".(6)



A FINALES DEL SIGLO XIX LA REPÚBLICA DOMINICANA ESTABA
TODA POR HACER.












Auténtica aspiración burguesa era su fascinación por las sociedades europeas, que igual que la de Estados Unidos de la época,  a ritmo de inventos científicos e infraestructuras forjaban un futuro de desarrollo económico/social estable. Y Luperón después de guerrear, al parecer añoraba ese sosiego y estabilidad que permitiera a su clase continuar su desarrollo; en realidad nunca tuvo esa paz institucional/social/ personal, y siguió luchando toda la vida. La formación, realidades y época de los países latinoamericanos no daba pie a otras opciones. Ya Simón Bolívar rotundo llegó a expresar que "La América es ingobernable".

Soldado cuando se le necesitaba, político, comerciante y pensador. Gregorio Luperón siempre estuvo conectado (y orientándose) con los intelectuales más liberales y progresistas de la época, tales como  Eugenio M. de Hostos, Rodríguez Objío, Pedro. F. Bonó. En sus escritos veremos toda su preocupación acerca de educación,  economía, antiimperialismo y colonialismo, antillanismo, libertad de prensa, inmigración, temática de la mujer, etc., asuntos que trataremos en varias partes en  escritos siguientes. 


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*Gregorio Luperón fue uno de los más destacado combatiente y dirigente en la Guerra de la Restauración de la República Dominicana luego que ésta volvió a ser colonia de España en 1861, acción negociada por el hatero Pedro Santana. Aunque no fue de los primeros que iniciaron esta rebelión patriótica, su arrojo y capacidad intelectual le situaron como líder de una fracción de la pequeña burguesía  que deseaba ascender socialmente.

(1) Citado por Hugo Tolentino Dipp en Perfil nacionalista de Gregorio Luperón en la Revista Clío 120, Academia Dominicana de la Historia, ADH. Pag.31.

(2) La noción de "ciudadano" ha sido teorizada desde diferente enfoques y términos por intelectuales como Américo Lugo, el doctor Moscoso Puello, Juan Bosch, Juan I. Jimenes Grullón, Diógenes Céspedes...pero el resultado ha sido el mismo: el conglomerado dominicano no tiene consciencia de ser ciudadano, no tiene conciencia social ni política, ni consciencia de clase ni de ser sujeto; desconoce que forma parte de un país no por el mero hecho de estar juntos en una geografía, sino para hacer cosas juntos en provecho de todos.

(3) Editorial El Diario, Santiago, R.D., 1939.

(4) Obra Citada, Tomo I, pags. 88-89.

(5) No desmerece a esos próceres plantear estas cuestiones. El Estado era casi la única forma de ascender socialmente en esa época. Las cosas son como son; hay que ver a los personajes históricos dentro de su época y su ambiente; tomarlos por "santitos" en el ayer, no ayuda hoy a una acción política correcta sino idealizada y nostálgica. Es plausible la hazaña de los próceres de la independencia de Estados Unidos, pero sin complejos continuaron la esclavitud de la que casi todos eran beneficiarios con sus partidas de esclavos. Simón Bolívar y su familia eran esclavistas, y familiares de Duarte en Venezuela poseyeron algunos esclavos.

(6) Carta a un amigo no especificado de Puerto Plata desde París, abril de 1879, publicada en el periódico El Porvenir en mayo del mismo año, e inserta en Escritos de Luperón, compilación y notas de Emilio Rodríguez Demorizi, Revista Clío no. 38. de la ADH, R.D.






jueves, 2 de octubre de 2014

JOSÉ GABRIEL, UN LUPERÓN EN LOS EJERCITOS DE LINCOLN


Monumento al Cacique Hatuey en Baracoa, CUBA.
Que un nativo de la isla de Santo Domingo se desplace a otras tierras para contribuir a la lucha contra la opresión, tiene antecedentes.  

Hay otros casos, pero dos dignos de mención.  El primero cuando el cacique  Hatuey llega a la isla de Cuba para advertir a sus habitantes acerca de las intenciones de los españoles, y a seguidas integrarse a luchar en esa tierra vecina. El segundo caso lo protagoniza Máximo Gómez y otros dominicanos también en Cuba donde enseñan y aplican la exitosa "carga al machete" ideada y puesta en práctica por Ramón Matías Mella en la Guerra de la Restauración.


José Gabriel Luperón fue el hermano mayor del más descollante dirigente de la Guerra Restauradora. Por razones desconocidas lo encontramos integrado a los ejércitos de Abraham Lincoln en la Guerra Civil Norteamericana que enfrentaron los Estados del Norte y del Sur en pro y en contra del sistema esclavista.

 Hay pocas referencias sobre el mismo. En República Dominicana están los escasos datos que el propio Gregorio Luperón ofrece en sus "Notas Autobiográficas y Apuntes Históricos..."(1) identificándolo como "soldado de la República" en la Batalla de Sabana Larga. Se dice, además, que estuvo en los hostigamientos al gobierno de Báez y al sitio o asedio a Samaná a las órdenes de Mella. Luego Federico Henríquez y Carvajal, siendo presidente de la Academia Dominicana de la Historia, escribe un artículo en Clío no. 12 (1934) titulado simplemente "El Hermano de Luperón"  mas bien para poner en duda algunos datos. El profesor puertoplateño y estudioso de la historia Rufino Martínez en su Diccionario Biográfico-Histórico Dominicano amplía un poco aunque despacha  el tema en un párrafo. Ya más reciente, (Publicado en el El Nacional, 25/9/2010/)  el periodista Carlos Acevedo oriundo de Puerto Plata,  se hace eco de las hazaña de José Gabriel juntando todos los datos de los anteriores  en un solo artículo. ¿Y cuáles son esos datos?


Explica Federico Henríquez y Carvajal en su escrito  que José Gabriel Luperón podría haber estado en la guerra patria  en la Batalla de Sabana Larga con 20 años. Alega que su presencia en ella no habría sido muy destacada, o quizás dudosa, porque siendo hermano de Gregorio Luperón se le hubiese dado más difusión en la época.  Por otra parte tiene fuerza el argumento de su diáspora en Norteamérica porque ésta coincidió justamente con el período de  la Anexión a España y la Restauración(1861-1865).  "La coincidencia de la revolución restauradora con la revolución secesionista(...) da testimonio de su no participación en la faena propia por hallarse ocupado en la ajena" dice Henríquez y Carvajal.

 Otros datos son: que al parecer le gustaba la navegación;  por consiguiente  tenía conocimientos de marinería lo que "le sirvió para correr fortuna por playas extranjeras"(Diccionario Biográfico citado). De su llegada a un puerto de Norteamérica no se sabe cómo, por qué o en cuál arribó. Que allí se enroló en uno de los ejércitos de Abraham Lincoln en la Marina del Norte, donde obtuvo el grado de Capitán Mayor. Que nadando por el Mississippi cortó las cadenas que impedían el avance de los barcos de guerra,  acción vital para asegurar las ofensivas de los abolicionistas contra los confederados; que con otro dominicano, José Western, apresó a un espía que quería infiLtrarse en su bando.


Abraham Lincoln
Dirigió la lucha por  la abolición
de la esclavitud en EE.UU.
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Terminada la guerra fue condecorado con la Medalla al Mérito y tenía todos los derechos como norteamericano honroso. De retorno a República Dominicana el gobierno de Buenaventura Báez lo encarceló, el apellido lo delataba:  ya que Gregorio Luperón seguía luchando contra ese gobierno. Dicen que el cónsul Norteamericano intervino por considerarlo uno de los suyos y que Báez luego lo deportó. De ahí buscó a su hermano que se encontraba en Puerto Príncipe, para luego preparar la célebre expedición del barco "El Telégrafo" dentro de la lucha contra el gobierno, desde el cual se bombardeó la fortaleza de Puerto Plata. Sin embargo su presencia en tal hazaña tampoco es mencionada en ningún tratado histórico, por lo que sitúa en duda esa participación.   A partir de ahí (1869) se dice que José Gabriel  se separó de  Gregorio Luperón  y ya sólo  se conoce el dato de su muerte en 1873.

Es interesante y curiosa esta participación de José Gabriel Luperón en la Guerra Civil de Estados Unidos. Como se constata hay muchos puntos oscuros dentro de lo que está documentado, bastante por aclarar y otro tanto por conocer. Habrá que investigar la causa de su lucha; si buscaba fama y fortuna como dicen unos;  si le motivaba la sinceridad en un combate contra la esclavitud.

 Referente a esto último hay que recordar el descontento de los dominicanos durante la Anexión a España porque ya  los señoritos españoles estaban haciendo distingos y discriminando a los nacionales por su color,  en cierta medida ya temían una vuelta a la esclavitud y esa mayoría mestiza, negra y morena fue la que  luego participó masivamente en la Guerra Restauradora. ¿Podría esto explicar su ausencia durante la Anexión?  Los Luperón era una familia descendiente de esclavos lo que podría explicar el quid de su  estancia en la Unión Americana enfrentando la esclavitud. Todas son hipótesis, enfoques para una futura y más objetiva biografía de este personaje. Queda mucho por investigar. No toda la familia tenía que ser prócer. De hecho tenía otro hermano, Bernardo,  sin aires insignes del que comenta Rufino Martínez era "hombre sin aspiraciones que se conformaba con tener a tiempo el buen trago de ron". Sin embargo Gregorio Luperón en su obra mencionada refiere que "después de una lucha de cuatro días con un temporal, y con el capitán de la balandra, que quería entregarlo en Monte Cristi, acompañado del Comandante Bernardo Luperón, su hermano, amarro al capitán, y revolver en mano, obligó a la tripulación a hacer rumbo a Turks Islands, y alcanzaron la Isla de East Harbor, donde desembarcaron". (2) Así mismo,  Federico Henríquez y Carvajal aseveraba que "Me temo que José Gabriel Luperón no asuma el carácter de un prócer ni tenga las proporciones de un héroe nacional, sino la de un heroico soldado voluntario en dos episodios de la guerra civil secesionista".

Estas son  briznas biográficas que se conocen de fuentes en República Dominicana. Creo que será esencial desplazarse a Estados Unidos donde podría encontrarse  datos puntuales y precisos para situar  correctamente en la historia al personaje. Habrá que hurgar en los archivos de la Biblioteca del Congreso, la Nacional Library de New York, Archivo Nacional de Washington  y sobre todo archivos o museos del Ejército norteamericano, etc. De momento algunas Universidades entre las que están la de Houston y de New York lo mencionan de pasada en publicaciones sobre la inmigración, como la obra "Other Emigrants: The Global Origins of The American People" de David M Reimers, encontrándose en la misma sólo esta sencilla linea: "At least one dominican, Captain Jose Gabriel Luperón came to American to Fight on the Union side during the civil war".


Por la trascendencia que tuvo Gregorio Luperón para la Segunda República  Dominicana vale la pena sumergirse  en este escrutinio de los acontecimientos no menos importantes que rodean a su hermano. Es un tema sin muchos antecedentes que, por ende, podría ser novedoso; en consecuencia propicio para un buen ensayo o una buena tesis de grado.

 (1) Sociedad Dominicana de Bibliófilos. Editora Santo Domingo, S.A. Rep. Dominicana 1974. Tomo II, Pag.108. Esta es la nota que incluye Luperón en su libro acerca de su hermano: "antiguo oficial de la Republica, José Gabriel Luperón, que se había distinguido en el sitio de Samaná en 1857, y en la batalla de Sabana Larga, dirigida por el nunca bien ponderado y distinguido General don Juan Luis Franco Bidó, hombre este digno de los mayores elogios. Ese valiente oficial, hermano mayor de Luperón, protesto contra la anexión española, y después de consumado este gran crimen salió del país y se fue a los Estados Unidos a tomar parte en la guerra de la emancipación de los esclavos. En esta gigantesca guerra, el Gobierno del Presidente Lincoln, lo elevo al grado de Capitán Ayudante Mayor. El fue el valeroso oficial que corto la cadena que impedía el paso a los buques de guerra del Norte en la entrada del Misisipi. Ignorando la parte que su hermano había tenido en los sucesos del país, regreso a el en 1868, y Báez lo prendió y expatrió en seguida, por el crimen del apellido que tenia, y quizás porque no había querido ser español. Este hombre era un atleta por la fuerza y el valor: era marino y hombre de batalla que no rehusaba jamás un duelo". 

(2) Obra citada, pag. 47





lunes, 11 de agosto de 2014

DE PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA A JUAN BOSCH



Este escrito  no tiene intención biográfica, pues hay muchos libros impresos  y datos que se pueden extraer de la Red. Es una conclusión personal en la que,  sin quitar méritos a otros grandes intelectuales, sitúo a los dos insignes personajes como dos hitos de la intelectualidad quisqueyana, dos personajes fuera de serie en  la República Dominicana del siglo XX.
 Como todos las naciones hispanoamericanas,  nuestro país comenzó a forjar una intelectualidad con intenciones de expresión propia a partir de la independencia política en 1844.  Salomé Ureña, considerada Poetisa Nacional  porque canto a la patria y al progreso, formó parte de esa élite del siglo XIX con oportunidad de tener los saberes culturales en sus manos. Esta oportunidad también la tuvo su hijo Pedro Henríquez Ureña. De su época es uno de los dominicanos más internacionales  y reconocidos en América Latina, Estados Unidos y Europa: Su tesis doctoral la hizo en Norteamérica, regó sus enseñanzas por diferentes naciones: Cuba, México, España, USA y Argentina.  En ésta última sus actividades son muy recordadas.

La sociedad actual ha relegado las actividades humanísticas por las tecnológicas. Las aulas ven eliminarse cada vez más las opciones filológica, filosóficas, éticas,etc., que darían una formación completa a diversos tipos de profesionales. Observamos como, hoy, expertos con mucha preparación en sus áreas, carecen de la más mínima formación elemental en historia, filosofía, leteratura, sociología...  Y Pedro Henríquez Ureña es, sobre todo, eso; el gran humanista de América para  quien ningún conocimiento humano le era ajeno. Por eso su incursión en la crítica literaria, la filosofía, la pedagogía; en la traducción, la filología; en política y la historia de la cultura latinoamericana; en la poesía y el teatro.

Henríquez Ureña joven
Por otro lado fue profesor muy fecundo y escribió el primer estudio del español hablado por los dominicanos y otro del español de América. Se ha considerado que sus lecturas de Saussure (iniciador de la lingüística moderna) le llevaron a dar un paso gigante en la superación de la filología clásica, carente de investigación de campo y reservada casi exclusivamente el estudio de la lengua escrita,  por lo que Diógenes Céspedes (escritor, lingüista y crítico literario dominicano) lo considera "el primer hispanoamericano que siendo filólogo y gramático normativo, reivindica una lingüística científica".

Contribuyó a traducir el libro de Lenin El Estado y la Revolución por lo que,  quizás influenciado por esa actividad traductora, en uno de sus trabajos de análisis del lenguaje expresó: "Cuando la sociedad se desarrolla en poder y cultura, la lengua de las clases dominantes se difunde, se multiplica, se convierte en motivo de atención pública".

La mayor parte de su vida la pasó fuera de la República Dominicana porque  para un intelectual de mente abierta y libre, la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo resultaba un elemento asfixiante para su desarrollo. A poco de llegar al poder el dictador le llamó para Ministro de Educación, renunciando poco tiempo después para comenzar su andar por América (lo mismo  hizo Juan Bosch cuando se enteró que el autollamado "Padre de la patria nueva" le requería para insertarlo en el aparato de su régimen represivo).  Aunque tuvo una larga diáspora, antes, de 1916 a 1921, participó con su padre en la Comisión Nacionalista en tiempos de la  primera Ocupación Militar Norteamericana a nuestro país y se solidarizó en 1927 con la lucha de Augusto César Sandino que emergía en el escenario de la resistencia contra Estados Unidos.

Su relación amistosa y académica con Amado Alonso en Argentina (entre otras como la de Alfonso Reyes, Borges, Mariátegui...) motivó que hiciesen su famosa Gramática Castellana, libro de texto en muchos países latinoamericanos durante décadas.  Recuerdo todavía haberlo usado a principio de la década de 1970 en mi etapa del bachillerato.. Por otro lado ningún político o intelectual debe dejar de leer su Seis Ensayos en Busca de Nuestra Expresión, que aunque es un periplo por los esfuerzos de América por encontrar y/o  forjar su autenticidad cultural-literaria, lo hace  analizando a su vez las realidades político-económicas, incluso  la de Estados Unidos al que denomina como sociedad con mucho interés mercantilista.  Muere en 1946 en  la República Argentina.

Pedro Henríquez Ureña tiene 25 años cuando nace en 1909 Juan Bosch, otra personalidad  humanista fuera de serie en la República Dominicana. Fue educado bajo el influjo de una corriente latinoamericana del Positivismo, la escuela hostosiana (del puertorriqueño Eugenio María de Hostos)  que adoptaron los políticos e intelectuales más progresistas y liberales de finales del siglo XIX y principios del XX. El pensamiento hostosiano  promovía la formación integral, completa, de seres humanos.   Aunque en el fondo Juan Bosch siguió siendo hostosiano, a lo largo de su vida evolucionó desde el laicismo religioso de esa corriente, hasta el marxismo. La muestra más evidente de esa transición al marxismo fue su Tesis de la Dictadura con Respaldo Popular que evidenció su decepción con el sistema que le derrocó del gobierno;  su tránsito a un radicalismo ideológico y la emulación del principio de la dictadura del proletariado formulado por el marxismo.

 Así, como Henríquez Ureña, es uno de los intelectuales dominicanos más conocido en América y el mundo. Se relaciona con líderes mundiales revolucionarios como Ho Chi Ming, Fidel Castro...Por otro lado, Joan Manuel Serrat y Gabriel García Márquez nunca dejaron de ir a su residencia cuando arribaban a Santo Domingo.

Su actividad abarca las más diversas áreas del saber  como caracteriza  a todo humanista. Igual que Pedro Henríquez Ureña ejerció como educador en Cuba. En la literatura de ficción cuenta con la novela La Mañosa y las colecciones de cuentos escritos en tres etapas de su vida: antes de, en y después de, el exilio. Realizó varios estudios bíblicos, entre los que está  Judas el Calumniado donde desmitifica la visión clásica y oficial de la iglesia cristiana acerca de ese discípulos de Jesuscristo. Otros escritos tocan la política: El pentagonismo sustituto del Imperialismo; los estudios sociales e históricos con la Composición Social Dominicana, utilizado como texto de consulta y análisis en las universidades dominicanas.

Luego a contribuido a reflexionar acerca de la cultura general, política internacional hasta la reflexión sobre el arte mismo  escribiendo metaliteratura, o reflexión sobre su propia escritura artística: "Apuntes sobre el arte de escribir cuentos" es muestra de esto último.

Juan Bosch es, independiente de coincidencia ideológica o no con él, uno de los más grandes hombre de las letras y la política dominicana del pasado siglo XX. Sus valores literarios, pedagógicos y sociológicos ya lo hemos valorado. En política activa tiene el gran mérito de haber dirigido a una gran mayoría del pueblo dominicano durante más de 50 años, con una oratoria singular que se hizo famosa por caracterizarla un lenguaje de connotaciones, urbanas  y rurales, muy populares. Fundó los dos más grandes partidos policlasistas de masas (PRD y PLD). Este último llevó el sello de su propia evolución personal al marxismo y una organización y  disciplina como no la ha tenido nunca ningún partido en la República Dominicana, ni en Latinoamérica del siglo XX.

Los dos partidos los llevó al poder, pero con el primero sólo estuvo 7 meses gobernando ya que los militares trujillistas lo depusieron.  Luego muchas franquezas políticas le cerraron el paso al gobierno. Desde declararse marxista, que  en aquella época las clases gobernantes lo traducían, en su propaganda dirigida al pueblo,  como ateo, comunista; hasta opinar acerca de empresas  norteamericanas. Juan Bosch ha sido genuino, auténtico y fiel con su propio pensamiento. Y ésto significó la misma tragedia de los artistas en política o los políticos progresistas en una América Latina inestable y vigilada por el imperio americano. Sucedió con Rómulo Gallego en Venezuela,  con la tragedia de Allende en Chile,con el experimento de los los militares Velasco Alvarado en Perú y Omar Torrijos en Panamá y  con la decepción a tiempo de Vargas Llosa en su país. Juan Bosch conservó la honestidad que el pensamiento hostosiano le enseñó, por lo que me atrevo a afirmar  que el poder no era su campo, si pensamos en todo lo que el mismo implica, en democracia y en dictadura. Él y Pedro Henríquez Ureña lo evadieron a tiempo para no contribuir a la dictadura.
Termino este escrito fusionando a éstas dos figuras excepcionales con una frase de Henríquez  Ureña (Seis Ensayos en Busca de Nuestra Expresión ) que puede etiquetarse perfectamente para Juan Bosch:
 "Hasta fines del siglo XIX nuestra  mejor literatura es obra de hombres ocupados en otra cosa: libertadores, presidentes de república, educadores de pueblos, combatientes de toda especie"