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sábado, 24 de octubre de 2015

DUARTE NECESITA UN GARCÍA MÁRQUEZ


(¿Por qué vinculo a Duarte (padre de la patria de la República Dominicana) con García Márquez si no se conocieron,  la historia no registra ningún encuentro entre ellos, Duarte tenía 17 años cuando murió Bolivar, por lo que a penas fueron contemporáneos?)




Dibujos de Simón Bolívar realizados por el pintor José María Espinosa en tiempo de recrudecimiento de su enfermedad.


En muchas de las mitologías antiguas, la muerte es un largo viaje en una barca hasta el mundo de los muertos. La griega, persa, Germana, azteca... son adecuados ejemplos. 

El General en su Laberinto es la novela histórica que escribió Gabriel García Márquez para narrar los últimos meses de vida de Simón Bolívar desde que salió de Santa Fe, Bogotá, hasta Santa Marta,  Barranquilla, navegando por el río Magdalena.

Esa travesía la hace cuando ya era casi un cadáver, físicamente, y asimismo, una bancarrota y cadáver políticos; cuando era acechado para asesinarle, cuando era rechazado y vociferado por donde cruzaba (le tiraban "bosta de vaca"). En fin, cuando acabaron su gloria y grandes hazañas.

Semejante a la mitología, García Márquez sitúa a Bolívar como si discurriera en la barca de Caronte hacia el reino de Hades. Está vivo, pero es igual, es como si fuera muerto, porque su viaje por el referido río ineludiblemente le lleva a su destino final y a morir. 

Y es que desde el principio de esta historia novelada, la muerte está presente con esa peculiar y hábil forma de empezar sus novelas y sorprendernos que tiene García Márquez: "José Palacio lo encontró flotando en las aguas de la bañera, desnudo y con los ojos abiertos, y creyó que se había ahogado. Sabía que ése era uno de sus muchos  modos de meditar, pero el estado de éxtasis en que yacía a la deriva parecía de alguien que ya no era de este mundo". (Obra citada. RBA Editores S.A Editores,1993, pag.9).

Al final de la lectura de El general en su laberinto nos queda la certeza indudable de que hemos sido testigo de la vida de un ser humano con sus manchas, manías y aspectos más oscuros, sin hacer una valoración moral. La historia no tiene que ver con moralidad, sino con el yo y sus circunstancias, recordando a José Ortega y Gasset, y los intereses de los sujetos.


¿Y qué hechos y circunstancias marcaron la práctica de este hombre fundamental en la historia de Latinoamérica? Un Bolívar con una mujer en todos los sitios por donde pasaba y convencido de que nunca haría una relación formal, de la que huía.  Un Bolívar que no quería saber de los médicos ni los curas y se burlaba de ciertas creencias supersticiosas. Un Bolívar "desengañado del poder y de guerras inútiles". Un Bolívar esclavista (porque en Venezuela no se abolió la esclavitud hasta 1830, a pesar de que hubo independencia muy temprana). Un Bolívar a quien le tiran excrementos, "bosta de vaca", narra Márquez. Un Bolívar que fusila a varios de sus mejores generales; que se hace dictador en Perú. Un Bolívar capaz de poseer una jovencita esclava virgen, y luego pagar 100 pesos a su dueño para que la deje libre, o ser protagonista de la siguiente escena después de dormir con otra joven: "-Te vas virgen, le dijo. Ella le contestó con una risa festiva: -Nadie es virgen después de una noche con Su Excelencia".(Ob. Cit. pag. 186)  Capaz de decir: "¡Qué cara nos ha costado esta mierda de independencia!" (ibid. pag 174)En fin, un Bolívar del que su mayordomo fiel es testigo de un detalle muy íntimo,  de las ventosidades putrefactas y fétidas que soltaba (vaya, hablamos de los pedos). Como ven, un Bolívar nada inmaculado.


Haciendo un ejercicio subjetivo, digo que a Hugo Chávez seguramente no le habrá hecho mucha gracia esta novela, porque es de los gobernantes que le gusta mitificar y manipular los personajes históricos, y prohijar el culto a la personalidad como ha hecho con Bolívar y con sí mismo.
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Una de las imágenes difundida por los bolivarianos de Venezuela en la Red no da lugar a dudas de la intención de equiparar a Hugo Chávez
con Simón Bolívar, casi una reencarnación que buscaba un excesivo culto a un muerto para fortalecer al vivo. Un capítulo
más de las manipulaciones que realizan las clases gobernantes para valorarse, sacralizarse  y hacerse incuestionables.
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Pero eso es una constante del poder, no importa el color ideológico, político o partidista de quien lo ostenta. Necesitan santificar la patria, sacralizar sus próceres para santificarse ellos  y hacerse incontestables como las verdades religiosas y así manipular a la gente. Y Juan Pablo Duarte ha llegado a ser eso, un ser etéreo, un santo, casi un ángel; sino, una especie de anacoreta. Esa es la imagen que trata de vendernos Joaquín Balaguer en El Cristo de la libertad, acaso la más importante y conocida obra histórica novelada escrita en República Dominicana acerca de Padre de la Patria dominicana, o también Vida de Juan Pablo Duarte de Pedro Troncoso Sánchez, "el novelón histórico" como  tildó a este libro J.I. Jimenes Grullón por los fantasiosos diálogos que a veces pone en boca de Duarte.

Pero lo que hace falta es alguien que  novele a nuestro "padre de la patria dominicana" con cierta normalidad como lo ha hecho Gabriel García Márquez con el Libertador Simón Bolívar. Y fíjense que Duarte tiene episodios de su vida dudosos y muy adecuado para ficcionalizar, novelar, planteando certezas, supuestos o hipótesis: estoy pensando en su desaparición por casi 20 años de la actividad política y su confinamiento en las selvas del Orinoco (de los que ya desglose en otro trabajo en mi blog: "¿Qué pasó con Duarte en Venezuela?") ; de sus vacilaciones en una lucha de clases inevitable; de un posible diario perdido que escribía y que, al parecer, utilizó Rosa Duarte en sus "Apuntes..." 

Estoy pensando en normalizar la vida, obra y actuaciones de este importante personaje dominicano, el más venerado en todos los tiempos. Normalizarlo quiere decir situarlo con sus debilidades y fallas, no negar que las tuvo, y situarlo perfectamente desde el ángulo ideológico y social en el que estaba. Cosa que, hay que decirlo, ni la izquierda ni los pensadores  marxista dominicanos han querido hacer (salvo contadas excepciones), manteniendo unos criterios semejantes a los que le sacralizan.


Habría que empezar diciendo que su situación en un sector de clase facilitó su capacitación en el extranjero, lo cual le impregnó  e inspiró de muchas ideas que se cocían en Europa y Estados Unidos. Fue un idealista. Fue el Padre de la patria aunque no su libertador. Aquí debo apoyarme en una taxonomía que hizo Tirso M. Ricart acerca de padres, apóstoles y libertadores. Por ejemplo el cura Miguel Hidalgo fue Padre de la patria, mientras que Iturbide fue el Libertador; en Venezuela, Miranda el padre de la patria y Bolívar el Libertador; en Cuba fueron respectivamente Céspedes y el dominicano Máximo Gómez (a José Martí se le considera el Apóstol de la patria). 


(Y uso el término "apóstol" aunque el mismo  me causa cierto rechazo porque remite a una terminología religiosa y a la sacralización, que es lo que queremos demoler con este trabajo, pero es aceptado en el diccionario de la RAE como propagador de cualquier tipo de doctrina, religiosa o no).





Juan Pablo Duarte y Diez, Padre de la Patria  de la
República Dominicana
Y en la República Dominicana  Juan Pablo Duarte se sitúa como padre de la patria y Sánchez libertador; y pésenos o no, Pedro Santana cuasi Libertador:  consolidó la existencia de una nación independiente de Haití, claro que primero a fuerza de su poder económico, después con su control de los efectivos y estrategias militares,  aunque se pasó la vida negociando la anexión a potencias europeas, hasta que lo logró en 1861 con España.

 En este proceso desde 1844, Duarte ha de quedarse como un idealista que rechazaba la lucha de clase, mientras Santana tiraba pa' lante sin miramientos. Cuando Mella, Sánchez y otros trinitarios querían tensar los desafíos, pasaban a la acción política clasista y proclamaban a Duarte Presidente desde el Cibao, sin embargo éste , en carta del mes de julio de 1844, prácticamente pide que se le exonere de esa responsabilidad; rechaza por excesivo prurito, por el supuesto de evitar un baño de sangre y una confrontación civil. Pero...¿Qué vino después?




Vino... que sin embargo a Santana y sus conmilitones no les importaba esa confrontación y se alzaron con todo. Pero esta tibieza no sólo  se evidencia en esa época sino también cuando Duarte es deportado, ya que prácticamente no hizo nada por evitar su apresamiento ordenado por Santana. Y esto lo digo porque mientras se conocía que en la capital de la República  los pronunciamientos, manifestaciones y preparación de las tropas santanistas  bullían  contra los trinitarios,  Duarte, desconociendo que el asunto era un problema de lucha de clase,  todavía ingenuamente creía que el diálogo podía regular el impasse que se vivía, por lo que, relajada la vigilancia, es apresado en Puerto Plata y llevado Santo Domingo; asimismo sucedió con un grupo de trinitarios  expulsados del país que  pasan a luchar en la clandestinidad,  refugiándose en Haití e islas antillanas adyacentes: Duarte, como ya sabemos, después de su deportación se pierde casi 20 años en Venezuela.


Foto de Francisco del luchador afro-dominicano
Francisco del R. Sánchez, de extracción humilde.
 Sánchez tiene  una personalidad de un arrojo sin igual, es un duartista militante como ninguno,  adora a su líder y está dispuesto a hacer lo que sea por él, por lo que es con quien "quería morir a su lado"( escribe Rosa Duarte en sus apuntes); es quien escribe manifiestos; quien se puso a la cabeza el 28 de febrero; quien recibió al patricio con gran  pasión a su retorno en 1844; quien nunca paró de luchar, hasta que enfrentándose contra la anexión a España Santana lo asesinó. Por esto, es penoso como la desaparición e inoperancia de Duarte y otras circunstancias, generen un vacío de liderazgo y determine que Sánchez ese  liderazgo lo traspase a otros caudillos como Báez y Santana. Cosa lamentable de los tiempos, circunstancias y la clase social  y en lo que no podemos extendernos ahora.


 (No es raro que un gran intelectual y educador dominicano, Américo Lugo, planteara en su día que Francisco del Rosario Sánchez era el verdadero padre de la patria, pero esto es tema para otra investigación. J.I. Jimenes Grullón, asimismo, ha planteado otras cosas en un trabajo que ha titulado "El mito de los padres de la patria").

Juan Pablo Duarte y Diez es oficialmente el padre de la Patria indiscutible porque estableció los fundamentos teóricos de esa patria liberal a la que aspiraba, pero su idealismo extremo que le hacía rehuir de la confrontación, no lo hacía competente para estar en la primera línea de una República Dominicana ingobernable, dominada por el caos permanente y las luchas grupales a las que, visto objetivamente, Duarte no estaba dispuesto a participar. 

Desde su visión, el diplomático norteamericano Sumner Welles en su conocida obra "La Viña de Naboth" acierta al decir que Duarte por "su carencia de ambición personal y su firme creencia en el valor intrínseco de sus compatriotas, le incapacitaba, tal vez, para ser el gobernante que aquellos tiempos exigían", "es posible asumir que le faltaba el don de dirección práctica requeridos en los largos años que habían de transcurrir antes de que un régimen de verdadera constitucionalidad llegara a ser un hecho realizado" (Sociedad Dominicana de Bibliófilos. 2006, pag. 77). Y hasta un apologista tradicionalista de Duarte como Pedro Troncoso Sánchez es capaz de admitirlo al decir que "para la pugna por el poder político no estaba hecho".


(Para no extenderme, recomiendo leer a Juan Isidro Jimenes Grullón (médico, ensayista, pensador dominicano) que en su obra La IDEOLOGÍA REVOLUCIONARIA DE JUAN PABLO DUARTE, nos aclara las características de la educación recibida por Duarte con muchos componentes religiosos-místicos, lo que aclararía un poco la forma de proceder de éste ante acontecimientos fuertes y ricos en confrontación directa; entre otras muchas cosas dice que "Duarte vivió y murió dominado por el espiritualismo").

De ahí que hay que ver a Duarte de otra manera. De ahí que buscamos a alguien que  haga la gran novela histórica de este personaje. Pero, claro, esto no es un imperativo, no es una obligación; en cambio, sí lo es pedir que los historiadores cumplan su papel; es decir narrar el pasado siendo fieles a las actitudes y formas de pensar de los protagonistas ilustres en un contexto determinado; que las investigaciones y los frutos de ellas no los reviertan y reinventen con falsedades u ocultamientos movidos por sentimentalismos o, lo peor, para prestarles un servicio al poder, porque no se hace historia para auto-complacernos en la imagen idealizada que tenemos de un personaje, ni adaptarlos a la ideoogía aque sustentamos hoy. Que mostrarlos como fueron no le resta valor a sus grandes gestas. Gabriel García Márquez así lo evidencia en El general en su laberinto.

 
Lo contrario sería traición del historiador a su disciplina.



jueves, 18 de junio de 2015

DE CÓMO CERVANTES Y MATEO ALEMÁN VENGARON EL PLAGIO DE SUS OBRAS


(El Quijote y Guzmán de Alfarache constituyen un compendio de mucha sabiduría y enseñanzas que se puede extrapolar a la sociedad actual. Es lo que he querido demostrar y emprender con mis trabajos "República Dominicana y el gobierno de la República Barataria de Sancho Panza" y "El fragmento perdido de..." en otras páginas de este blog. Hacer esto con fragmentos escogidos que son interesantes, con cierto atractivo popular y análogos para la época actual es, asimismo, una manera de llevar a los lectores a hurgar estas obras y descubrir la riqueza de las mismas.

El periodista y novelista español Arturo Pérez Reverte ha valorado la importancia, por ejemplo, de la novela de Cervantes, opinión a la que me adhiero totalmente extendiéndola a la novela de Mateo Alemán :
 "Porque el Quijote no es solamente un libro bellamente escrito y un clásico de nuestra lengua, sino una escuela de filosofía, de ética, de lealtad, de honradez, de imaginación. El Quijote es un ejemplo. Y como elemento de trabajo, es una fuente riquísima para un profesor para discutir con los alumnos incluso de aspectos morales de la sociedad moderna")





Apropiarse de las ideas y obras intelectuales de otros  se ha hecho desde el principio de las sociedades, igual que se continúa practicando en nuestra contemporaneidad.  Miguel de Cervantes y Saavedra y  Mateo Alemán y de Enero fueron afectados por la imitación de sus obras principales. Dos listillos quisieron sacar provecho del fruto ajeno aprovechando, como diríamos hoy, "la pegada", la popularidad y prestigio de las primeras partes de sendas obras de Cervantes y Mateo Alemán: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha y Guzmán de Alfarache.

Como conocen ustedes, se lanzó el "Segundo Tomo del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha" de un tal Alonso Fernández de Avellaneda  que ha sido llamado El Quijote apócrifo. En el prólogo del mismo, además de caer en el terreno personal burlándose, entre otros, de los defectos físicos de Cervantes ("es ya de viejo como el castillo de San Cervantes", "todos le enfadan, y por ello está falto de amigos", etc.),  de paso tuvo a osadía de ufanarse del dinero que obtuvo de su imitación y dirigiéndose a Cervantes dice: "pero quéjese de mi trabajo por la ganancia que le quito de su segunda parte".

 También se lanzó la "Segunda Parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache" firmada  por un tal Mateo Luján de Saavedra que, como observarán, quería confundir o satirizar con el nombre y con un primer apellido que rima con el del verdadero autor.

El ingenioso caballero Don Quijote y La vida de Guzmán de Alfarache constituyen dos libros con muchas enseñanzas y sabiduría  transmitidas respectivamente de dos maneras: una,  desde las acciones ejemplares de un hombre idealista y justiciero; y otra: desde la vida desarraigada de un ladrón, pícaro e infractor permanente de las reglas de la sociedad.

Igualmente toda esa sabiduría a la que aludo la han tenido obras como El Buscón de Quevedo, La Celestina, Lazarillo de Tormes, la Lozana Andaluza, La Pícara Justina... tratando temas tabú de la sociedad española, aunque encubriéndolos como enseñanza moral que se pretende asimilen los lectores. Pero a mi parecer El Quijote y Guzmán de Alfarache la concentran y agotan más, ya que son un gran compendio. Por esto, después de haber sobrepasado la lectura completa de  esas obras, siempre son, para el autor de este blog, una fuente permanente de consulta y lectura de determinados pasajes o capítulos aislados.

(En esa época, casi todas las obras españolas de un alto contenido y denuncia social, con un fondo subyacente de solidaridad con los oprimidos, fueron escritas por judíos -conversos o encubiertos, se sobreentiende-, igual que los dos autores que ocupan la atención de este trabajo. Los escritores con origen judío son los que han denunciado y expuestos de mejor manera las miserias morales de su sociedad, asunto que trataríamos en otra ocasión).

Bien, pues a lo que vamos.

Los dos maestros de la escritura cuando ven sus obras usurpadas  activan una vendetta , van a por la venganza. Pero no lo hacen con la agresión física ni el insulto vis a vis, sino utilizando la destreza de su escritura en un juego entre la ficción y la realidad; lo hacen en sus propios libros: las segundas partes auténticas.


Veamos  la vindicación de Cervantes para  con su Don Quijote.


Este es el episodio de la venganza: Don Quijote y Sancho  alojados y descansando en una venta, y en una estancia que le divide de otra a penas un fino tabique, escuchan asombrados como dos viajeros comentan y leen la segunda parte de sus aventuras. ¡Qué maravilla, qué originalidad: leemos que Sancho  y Don Quijote están siendo leídos en un libro!

Y a partir de aquí se irá desmontando la falsa obra en un diálogo con Don Juan y Don Jerónimo, que así se llaman los vecinos:


"- Por vida de vuesa merced, señor Jerónimo, que en tanto que trae la cena (se refiere al ventero) leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha.

-¿Para que quiere vuesa merced, señor Don Juan, que leamos estos disparates? El que hubiere leído la primera parte de Don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda.

-Con todo eso -dijo el don Juan-, será bien leerla, pues no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena".

Escuchaban Sancho y don Quijote estas cosas, y otras como por ejemplo que este último ya se había "desenamorado de Dulcinea del Toboso" a lo que él responde muy enojado que "yo le haré entender con armas iguales que va muy lejos de la verdad"   pues ella "no puede ser olvidada ni en don Quijote puede caber olvido".

Oyeron que a la mujer de Sancho Panza le cambian el nombre y éste, muy saleroso como siempre, pide a su caballero "Torne a tomar  el libro, señor, mire a ver si ando por ahí y si me han mudado el nombre". Pero no, no le han cambiado de nombre pero lo han pintado "comedor, y simple, y no nada gracioso" a lo que responde Sancho:


"-Dios se lo perdone. (mejor) Dejárame en mi rincón, sin acordarse de mí (...) y bien se está San Pedro en Roma". "Yo querría que ya que me llama comilón(...) no me llamase también borracho".

El alter ego de Cervantes habla en boca de Don Quijote soltando una serie de críticas:

"Quien en esta parte tan principal yerra, bien se podría temer que yerra en todas las demás de la historia": "En lo poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de aprehensión"  "Retráteme el que quisiere, pero no me maltrate; que muchas veces suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias".

En el momento que suceden estos hechos, Don Quijote y Sancho van camino de Zaragoza, a unas justas o torneos  y al escuchar que el libro del "Quijote apócrifo" califica su participación  allí muy anémica, sin lucidez, "falto de invención", "pobre de letras" y mal  vestidos, determina que para desmentirlo se desviará a Barcelona:

"Por el mismo caso no pondré los pies en Zaragoza, y así sacaré a la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno, y echarán de ver las gentes como yo no soy  el don Quijote que él dice".

Y claro, tendrá mucho cuidado "informándose primero cuál era el más derecho camino para ir a Barcelona sin tocar en Zaragoza".

Los huéspedes quieren leerle y comentar más, pero agotada su paciencia a causa de lo que se dice en el mismo, y en un arranque de gran orgullo y desprecio arremete contra el libro  porque le basta lo que ha oído, por lo que...

"Lo daba por leído y lo confirmaba por todo necio, y que no quería, si acaso llegase a noticias de su autor que le había tenido en sus manos, se alegrase con pensar que le había leído"  porque "de las cosas obscenas y torpes, los pensamientos se han de apartar, cuanto más los ojos".

Y así fue como Cervantes, introduciendo el El Quijote apócrifo y comentándolo en su propia obra,  ajustó cuenta con  Avellaneda. Y hay que decir, como el trillado refrán, que "no hay mal que por bien no venga". Siempre he considerado que el hecho de que un tal Avellaneda se apropiara del personaje cervantino contribuyó a reforzar aún más el ingenio y la originalidad que ya tenía impregnada la primera parte de Don Quijote de la Mancha. Y  lo logra introduciendo un texto en otro. Incluso el tratamiento moderno de categorías comoautor, escritor, personaje, ficción-realidad, metalenguaje, metaliteratura, etc; cosas que teóricos de la literatura  del siglo XX han "descubierto" y tenido como nuevas  (y  practicadas por escritores en sus obras)  ya se verificaban en Cervantes y su Quijote en ese juego gozoso entre la realidad y la ficción con el que arremete mordaz y crítico contra el autor que imitó su obra.

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(Y esta es la magia, la maravilla del relato de Cervantes, lo moderno del mismo. En mi adolescencia cuando por fin emprendí con interés la lectura de esta obra en una edición escolar(reducida) que mi hermana mayor poseía, recuerdo que por estar tan absorto en la lectura de las aventuras de los personajes me pillo de sorpresa que de repente aparece alguien mencionando los personajes y el libro que leo, en ese mismo libro. Yo, estaba desconcertado;  no sabía qué era, si una ficción, la verdad, o la ficción de la ficción como un espejo frente a un espejo, y porque, repito, estaba tan absorto viviendo la aventura me convencí que eran reales, me lo hizo creer Cervantes, porque hay un contraste de otros personajes que se narran como que no son reales, ¿Qué mas se quiere de esa mentira que es la literatura,  sino que lo que cuenta nos lo haga vivir como ciertos?).
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Y ahora la vindicación de Mateo Alemán para con su Guzmán de Alfarache:

Aunque también en la ficción  fue más lejos y cruel. Literariamente, mata en su libro.

Igual que Cervantes, en el prólogo a  la segunda parte Mateo Alemán se muestra comprensivo incluso elogia la usurpación que le hicieron diciendo que tiene mucha erudición, conocimiento en letras y humanidades y asuntos divinos y  "ser sus discursos de calidad que le quedo invidioso y holgara fueran míos". Más bien se auto-inculpa

"Pues, por haber sido pródigo comunicando mis papeles y pensamientos, me lo cogieron al vuelo".

La venganza de Mateo Alemán es tan simple como relato a continuación:

En una ocasión, en Italia, Guzman de Alfarache está alto hostigado  a causa de que sus fechorías le han colocado en una encrucijada: ha colmado el vaso de todos.  Casi  se llega a la violencia, pero un pícaro como él, de su edad, le hecha una mano, le defiende, lo escolta mientras le lleva  a su posada. Es un momento en que "guzmanillo" se encontraba indefenso por lo que había bajado la guardia. No es por otra cosa que se expresa en esta consonancia: "Estaba  yo descuidado, había recebido buenas obras, oído buenas palabras, vía en buen hábito a un hombre que trataba de aconsejarme y favorecerme. Puso su persona en peligro, para guardar la mía. Visitóme, al parecer, desinteresadamente, sin querer admitir un jarro de agua".

Todo lo hizo  para ganarse la confianza, conocer y observar la estancia donde se aloja y robarle a Guzmán todos los bienes que ha acumulado en sus fechorías. Y así sucede.

Más tarde, en la ciudad de Siena  se lo encuentra en el camino a  Florencia. Pide perdón  y narra el de Alfarache  que "No me bastó el animo (...) a dejar de compadecerme dél(sic) y saludarlo, poniendo los ojos, no en el mal que me hizo, sino en el daño del que alguna vez me libró.

Supuestamente arrepentido, este pícaro se pone a sus servicios y comparten muchas fechorías  a partir de ese momento. Y le cuenta su vida: que, como siendo valenciano y sus padres honrados, él y su hermano tomaron flaqueza y gusto a la vida fácil  "ya fuese porque de niños quedamos consentidos, ya porque dejándonos llevar de los impulsos de nuestro apetito sin hacerle la debida resistencia, consentimos en esta tentación"; prosigue contándole como se cambiaron los nombres para no quedar infamada la familia por si todo salía contrario a lo que habían pensado. Aquí es sintomático como Mateo Alemán va penetrando en el terreno de aplicar su vendetta: el hermano mayor de Saavedra se llamaba Juan Martí e "Hizo de Juan, Luján, y del Martí, Mateo; y volviéndola por pasiva, llamóse Mateo Luján" y ¡Eureka!, aparece el nombre del falsificador-autor de la "Segunda Parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache". El otro hermano, quien engaño a Guzmán tomo un apellido sevillano de "caballeros principales" de esa ciudad y se puso Saavedra y ¡Eureka, otra vez! Ya tenemos el nombre completo: Mateo Luján de Saavedra, con el que se firma la segunda parte falsa. Es evidente hacia donde se encamina Mateo Alemán.

 Navegando Guzmán de Alfarache para España con Saavedra, este último" se mareó de tal manera, que le dio una gran calentura y le saltó la modorra (sopor, somnolencia). Era lástima verle las cosas que hacía y disparates que hablaba y tanto que a veces en medio de la borrasca y en el mayor aflicto (aflicción), (...) también las daba él (las voces) diciendo:

  "¡Yo soy la sombra de Guzmán de Alfarache! ¡Su sombra soy, que va por el mundo!" Con que me hacía reír y le temí muchas veces. Más, aunque algo decía, ya lo vían (veían) estar loco y lo dejaban para tal (como tal).

Luego continúa así Mateo Alemán narrando en boca del personaje narrador, y es muy notoria la crueldad con que expone el fin de Saavedra, sobre todo el último párrafo aquí citado:

"Últimamente, como de la tormenta pasada quedamos tan cansados, la noche siguiente nos acostamos temprano(...). Todos estábamos tales y con tanto descuido, la galera por la popa tan destrozada, QUE LEVANTÁNDOSE SAYAVEDRA con aquella locura, SE ARROJÓ A LA MAR POR LA TIMONERA,(...) le quisimos remediar, más no fue posible y ASÍ SE QUEDÓ EL POBRE SEPULTADO, no con pequeña lástima de todos, que harto hacían en consolarme, Sinifiqué sentirlo; MAS SABE DIOS LA VERDAD".

"Otro día, cuando amaneció, levantéme luego por la mañana y todo él (el día) casi se me pasó recibiendo pésames, cual si fuera mi hermano, pariente o deudo que me hiciera mucha falta, o como si cuando a la mar se arrojó se hubiese llevado consigo los baúles".


Así fue como  también Mateo Alemán, introduciendo un rejuego de nombres, aplica su ajuste de cuenta en la ficción con el falsificador de su obra.  

lunes, 11 de agosto de 2014

DE RUBÉN DARÍO A GARCÍA MÁRQUEZ: EN BUSCA DE NUESTRA EXPRESIÓN


Latinoamérica en su literatura fue siempre receptora de todos los movimientos literario-artísticos que se suscitaban en España. Clasicismo, Barroquismo, Neoclasicismo, Romanticismo. Este último, como expresión artística de la Ilustración, dio valor a la individualidad; impregnó amor por los terruños patrios, sus paisajes y sus lenguas. Establecido en nuestro continente contribuyó a promover las luchas independentistas de los proyectos de repúblicas latinoamericanas. En las mesitas de noche de cada prócer y libertador del siglo XIX seguramente reposaba un ejemplar de "El Contrato Social" de Rousseau, la directriz socio-político y filosófica del Romanticismo.

A partir de las independencias políticas cada país Latinoamericano busca valorizar lo propio, inclusive sus respectivas formas dialectales del idioma español. Aunque en un estilo clasicista, el venezolano Andrés Bello escribió su "Silva a la Agricultura..." resaltando el paisaje agrícola del nuevo continente. Dentro del Romanticismo escribió sus cantos al progreso y la patria nuestra denominada "Poetisa Nacional" Salomé Ureña.  Desde este movimiento también se suscita la famosa polémica Bello-Sarmiento acerca de la incorporación o no del lenguaje popular en la literatura. El Criollismo fue también un intento de forjar una poética autónoma, ejemplo el "Martín Fierro" de José Hernández. Pedro Henríquez Ureña, el gran humanista de América, teorizaba acerca de esa indagación en su "Seis Ensayos en Busca de Nuestra Expresión".

 América Latina hacía el papel de recipiente en el que se vertían los contenidos y formas hispánicos. Pero eso cambió a final del siglo XIX. Al decir del chileno Vicente Huidobro "desde el Siglo de Oro las letras españolas son un desierto hasta Rubén Darío". Y cierto, ya España  tenía poco o nada que ofrecer. El novelista asturiano Leopoldo Alas-Clarín- (La Regenta, Su Único Hijo), lo confirma: lamentaba esta situación escribiendo que "los artistas surgían aisladamente, el arte español surgía de tarde en tarde, ya nunca obra colectiva, ni menos duradera" (Ver libro Nueva Campaña, Librería de Fernando Fe, Madrid 1887) y criticaba el "snobismo" de los jóvenes escritores que imitaban la literatura francesa.

 Pero...¿había alguna otra literatura a donde dirigir la mirada que no fuera la francesa para crear obras de valor? Es evidente que no. Francia era la lumbrera, la vanguardia, y hacia allí miraron y se inspiraron los latínomericanos,  y Rubén Darío al crear el movimiento Modernista. La ruta España-Latinoamérica se invirtió. Fueron ahora los escritores españoles de la generación del 98 quienes recibieron las directrices de los iberoamericanos y si no miren la importante nómina de los que, en la península Ibérica,  fueron incorporados: los hermanos Manuel y Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán, Unamuno, Francisco Villaespesa, Jacinto Benavente... Esta fue la primera vez.

El Modernismo adoleció de ser una transformación de los movimientos simbolistas y parnasianos franceses que buscaban imágenes, elementos y paisajes extraños, exóticos; buscaron lo oriental, lo grecorromano y el cisne como gran símbolo ideal de todo lo que sustentaban. Claro, Rubén Darío fue adaptando su arte a la realidad continental, y en la etapa final del Movimiento (1905) escribió el libro "Cantos de Vida y Esperanza", evidencia de la transformación del Modernismo hacia temas sociales y políticos. Se preocupa por el ascenso del nuevo imperio norteamericano que empieza a invadir países, y ante esta perspectiva Darío se muestra horrorizado cuando en dos poemas, "Los Cisnes" y "A Roosevelt", escribe "¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?; "Eres los Estados Unidos/eres el futuro invasor/ de la América ingenua/ que(...) aún habla español".  Y fue un modernista mexicano, Enrique González Martínez, quien demolió el símbolo del Movimiento en otro poema que a su vez fue el epitafio del Movimiento mismo:


"Córtale el cuello al cisne de engañoso plumaje"

Casi inmediatamente como una respuesta al Modernismo agonizante, surge el Creacionismo del chileno Vicente Huidobro al tiempo que lo difunde en España. Se adhirieron escritores españoles como Gerardo Diego y Juan Larrea, y con ciertos vínculos con el Creacionismo surgió el Ultraísmo, como mímesis y transformación otra vez de las vanguardias francesas. Evidencia una vez más que España no tenía mucho que ofrecer en literatura novedosa. Esta fue la segunda vez que se concreta esa influencia de Latinoamérica a España.

La tercera vendrá en los años 50 y 60 con esa inigualable generación de narradores y poetas como Juan Rulfo, Lezama Lima, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, Octavio Paz, Vargas LLosa...que ya no sólo opacará la literatura hispánica sino incluso se hará preeminente y aclamada en  todo el planeta.
Y surge Gabriel García Márquez como si fuese la gran síntesis, el gran mural "collage" de la literatura de América Latina. Un escritor que surge tardío, proveniente del periodismo, como una generación sin "ismo", pero que ha bebido de todos y todo. Porque vemos en "Cien Años de Soledad" mucha intertextualidad de personajes de Carpentier, de Cortázar, de Carlos Fuentes.

Ahora ya no hay cisnes, ni Oriente ni naciones lejanas; ni ruinas antiguas europeas, ni palacios ni princesas; ahora está presente la realidad del nuevo continente y una nueva forma. Los desfasados criterios de la retórica  y poética antiguas que nos impusieron por siglos basados en un canon eurocentrista a seguir para dizque hacer un arte universal, ya no funcionaban en América.  Desde lo provinciano, lo local o regional se llega a la universalidad para contar cosas diferentes y de diferente forma .

Todos estos antecedentes son los que tienen validez para explicar lo que significa García Márquez para América Latina y el resto de los continentes. El Modernismo y el Creacionismo abrieron el camino. Impuso "ismos" a la antigua metrópoli, pero basado en lo extra-latinoamericano. García Márquez sin escuela ni grupo literario nos ha dado un estilo sin igual en el arte de escribir, presentando situaciones latinoamericanas en la que fantasía y  realidad están equiparados.

Gabriel García Márquez y su "Macondo"  significa lo que significa también Cervantes y su "Quijote" para quienes disfrutan y saben catar un buen libro. Significa la esencia de la literatura: la ficción total; para mí es la gran apoteosis de la ficción como en Cervantes. En El Quijote todos los personajes implicados en su obra representan una ficción, un papel que le es ajeno en sus vidas reales: lo que ve El Quijote es la imaginación confundida con la realidad, los personajes implicados además actúan como si fuese cierta para llevarle la corriente; son travestidos para ser otra persona,  por creer, sin más, las palabras del hidalgo manchego, o por hacer una broma montando el gobierno de la ínsula Barataria para Sancho, y etc. y etc.

La gran literatura se vuelve universal cuando es capaz de crear arquetipos que representan los grandes sentimientos, pasiones o aspiraciones de los seres humanos; cuando podemos decir es un "hamlet", mi "dulcinea", es un "quijote", mi "romeo", ese pueblo parece un "macondo"..., y hay que estar exultante de orgullo saber que Gabriel García Márquez ha logrado eso en la lengua española, alcanzando la mas alta cima literaria, igual que Miguel de Cervantes cuatro siglos atrás; forjando una literatura universal con una prosa relampagueante, dinámica y fluida como un gran río, fundiendo mito, ficción e historia. Esa es la grandeza de Márquez. Por eso se le recordará y será imperecedero. Porque al margen de sus amistades y solidaridades políticas revolucionarias, su obra, como toda obra de valor no es un panfleto; no está ideologizada, pero contiene ideología; no está  instrumentalizada políticamente, pero  contiene política
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Y aunque en su magnífico discurso de recepción del Premio Nobel (La Soledad de América Latina) dijo lo que dijo, con él nuestro continente ya no estaba solo en el planeta, y la preocupación de Pedro Henríquez Ureña se vería despejada porque Iberoamérica ha buscado su expresión y por fin la ha encontrado en ese que hay que llamar


Provinciano Universal:  Gabriel García Márquez.