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viernes, 26 de junio de 2020

UN EXTRAÑO TURISMO EN TIEMPO DE VIRUS CORONADO


  Obreros mineros leoneses en una manifestación durante el transcurso de una de las múltiples huelgas que protagonizaron por la minería y sus derechos laborales.
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Ha pasado el gran parón del estado de alarma. Marzo 2020. En la construcción hay que volver. Entonces...obligadas razones laborales obligan a mi grupo a alejarse otra vez de Madrid en tiempo difícil. Salvoconducto correspondiente para poder desplazarse con justificación. Destino: León, tierra de montañas, tierra de mineros y minas de carbón otrora activas; de lucha obrera y conciencia proletaria...

Voy dejando kilómetros atrás... Pero lo recorrido se torna en un insólito y extraño seudo-turismo histórico-cultural, porque voy ensimismado, apesadumbrado por la situación extrema que pasa el mundo, República Dominicana y España; pero aún así, cada trecho recorrido llama la atención y me distrae pues en cada uno... pensativo... voy rememorando algo...

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... Entre Villalba y la Sierra de Guadarrama: inevitable ver a lo lejos la ominosa y abominable y gigantesca Cruz de los Caídos del dictador Franco en honor a su triunfo en la guerra civil de 1936.

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...Entrar en las entrañas de la Sierra de Guadarrama por los 3 kilómetros del túnel del mismo nombre, me recuerda que "guada" (wuad) en árabe es río, vestigio de 8 siglos de cultura árabe en España(y...Guadalajara, Guadalquivir, Guadalete, Guadalmedina, Guadalix...Guadiana, Guadalupe) ...e... 


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... inmediatamente cruzar el túnel bajo la montaña es estar ya en tierras castellanas (Castilla y León, no Castilla La Mancha); por lado derecho Segovia y al otro, Ávila, y respectivamente pensar en acueducto romano, tremenda obra de ingeniería romana, y por otro rememorar a Teresa de Ahumada (alias Santa Teresa de Jesús, judía conversa) religiosa mística y buena literata-poetisa.





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Seguir...traspasar los extensos campos de Rueda con sus impresionantes viñedos y sus numerosas bodegas de los famosos vinos blancos denominación de origen        Rueda.

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...y... seguimos... Olmedo, municipio de Valladolid, te lleva a recordar el bachillerato, la literatura y a Lope de Vega y su trágica obra teatral "El caballero de Olmedo"...


Compañía teatral Corsario
representando la obra de
Lope de Vega. 


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y...Valladolid, ya rememora los modos, usos y normas primeras de nuestro idioma castellano...

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Por Tordesillas vas a evocar el famoso "Tratado de Tordesillas" que firmaron en esa comarca España y Portugal, y por medio al cual se repartían la colonización y el pillaje, las zonas territoriales de América.

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Y destino, León, Ponferrada, El Bierzo, de minas de carbón abandonadas, de plantas termoeléctricas(de carbón) en desmantelamiento, de tierras que tan ricas que dan resultados exuberantes e víveres y frutas; de otrora prosperidad y abandono visibles ambos en sus grandes ciudades modernas, como en sus pueblos y aldeas de piedra.
 Los obreros de León
Y Asturias,los más combativos

en sus protestas. 


Planta termoeléctrica


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Y así...sin querer y sin buscarlo...a mi pesar...hacer este extraño e insólito turismo en este tiempo, sí, del virus coronado.




martes, 3 de noviembre de 2015

EL ÚNICO Y PARADÓJICO PARAÍSO QUE HE TENIDO EN MI VIDA(1)


(Telón de fondo:  República Dominicana. Barrio obrero de Cristo Rey. 1963. El primer gobierno democrático después de la dictadura de Trujillo sufre un golpe de Estado. El pueblo y militares constitucionalistas tratan de reponerlo. Se desata una guerra civil el 24 de abril. 1965).


Soldados del pueblo acompañando a su comandante, el coronel Francisco Alberto Caamaño, en una calle de Santo Domingo.
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En los diversos temas que he tratado en mi blog, de una u otra manera  he filtrado ciertos pasajes autobiográficos, ciertas experiencias propias en relación al tema tratado. Dos ejemplos, entre otros, son cuando escribí acerca de cine y rock dominicanos. Hicieron honor al lema o descripción del Blog que postulaba  eso de "con un toque autobiográfico". Empero, esto ha sido de forma ocasional.

El presente escrito es absolutamente autobiográfico. Es la rememoración de una nostalgia, de una melancolía guardada que hoy se concreta en este texto.

Acontece cuando se desata la guerra civil el 24 de abril de 1965. Cuando aún no había cumplido los diez años.

Pero aquí no voy a contar batallitas y epopeyas, hechos heroicos ni valentías. Y no digo que a esa edad no se pudiesen tener. Seguramente que muchos niños, en la pubertad o adolescencia, fueron protagonistas y contribuyeron de una u otra manera en esa gesta. Pero no es mi caso.

Se había desatado una guerra civil por el retorno a la constitucionalidad quebrada en 1963 por los militares y la oligarquía trujillistas mediante un golpe de estado contra el gobierno del presidente Juan Bosch.


Se había desatado una guerra civil que percibía cercana y lejana.

Cercana... porque en Cristo Rey, un barrio obrero, mis hermanos, amigos y yo pudimos observar desde la calle 39 los aviones sobrevolando la antena de Radio Televisión Dominicana, todavía sin la certeza de lo que ocurría. Luego supimos que había sido bombardeado porque después de la toma de la televisión pública, desde ahí José Francisco Peña Gómez lanzó su proclama llamando al pueblo a luchar. 

Cercana... porque observábamos agujeros de balas que aparecían al amanecer impregnados en un cuarto a manera de despensa o almacén que teníamos en el patio.

Cercana... ya que sufríamos el ruido ensordecedor de los helicópteros militares pasando encima de nuestro hogar, tan bajos de altura que su sombra la percibíamos terriblemente cubriendo completamente nuestra casita como si fuera un águila enorme en busca de sus presas. Y luego...el éxodo, la partida hacia el campo. Nos convertimos en una suerte de refugiados.

Entonces... la guerra la sentimos lejana. 






Y esa escapada al campo era inminente por dos razones: 

Una, la dinámica de mis progenitores era la lucha por la subsistencia para sostenernos y cuidarnos. Mi madre  que aportaba a la casa como empleada del hogar en una residencia de burgueses en ciudad colonial, y organizando unos "sanes" con cierta frecuencia. Mi padre comerciante desplazándose en su güagüita por el extrarradio de la capital llevando sus productos a los colmados en una época en que éstos no poseían las camionetas que hoy tienen, con la que ellos mismos transportan directamente los productos del mercado y de los almacenes.


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(* "san" se llama en República Dominicana a una especie de cooperativa que suelen organizarse entre la gente del pueblo durante varios meses, 6, 8 ó 10 personas, en la que cada una va aportando una cuota fija y cada mes alguien recibe cierta cantidad considerable que le ayuda a resolver problemas. Tiene su origen en la cultura de la emigración afro-anglosajona (cocolos) que ellos llamaban Sociedad de Ayuda Mutua-SAM-).
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La segunda razón consistía en que ni mi madre ni mi padre se metían en política activa, supongo que desde que mi tío Milín desapareció en la era de Trujillo al parecer por "ponerse a hablar de política". Un día descubrí un pasquín del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4) que se guardaba como  si fuese un tesoro, muy discretamente (claro, discreto hasta que tuve acceso a él) en algún lugar de la casa. En el mismo estaba la fotografía del tío Milín junto con otras con un titular: "los últimos desaparecidos de Trujillo" o algo similar.

Protegernos era la dinámica de nuestros progenitores. Por eso la escapada al campo, al kilómetro 15 de la autopista Duarte, un sector rural que se llamaba  La Ciénaga. 

Por eso, entonces, la guerra se hizo lejana.

Mi mente recuerda hoy a esa gente de La Ciénaga como la más sana y buena del mundo, sin malicia, ni intereses pecuniarios.

Gente auténtica dispuesta a amontonarnos cocos, a juntarnos numerosos ramilletes de deliciosos limoncillos que bajaban de árboles paradisíacos, gigantes y exuberantes; traernos leche recién ordeñada  que nos parecía aún caliente del calor del cuerpo del animal; poder, y a veces "pelearnos" por, dormir con una chica carismática, ya adulta, pero muy joven, y a la que adorábamos con inocencia, sin perversidad, sin connotaciones sexuales.

 Y allí, poseer en el patio del recinto donde dormíamos un árbol de mango que cada mañana era como un maná, ya que encontrábamos la fruta como colocada, no caída, en el suelo, cual si fuera exclusivamente para nosotros. No era raro entonces nuestro interés en levantarnos pronto para ser recepcionistas de este privilegio. 

En fin, mi mente recuerda con extremo agrado a esa gente tan noble que dispuso la escuelita rural para nosotros alojarnos, y allí, en ella, sembrar los colchones que traíamos desde Cristo Rey en la güagüita o furgoneta de nuestro padre.



Y desde esa comunidad rural, de vez en cuando  la guerra trataba de llamar mi atención emitiendo su música de cañones y metrallas; se escuchaba su fanfarria en la lejanía pero nuestro corazón, nuestra mente y nuestros actos estaban ocupados por el edén de La Ciénaga: descubriendo cada rincón rural ayudados por los niños oriundos de allí que, además, nos enseñaron sus juegos y diversiones, más simples que las nuestras (pues éramos niños de barrio populoso de la ciudad), entre ellas deslizarnos en yaguaciles** en una larga rampa natural, cuyo curso estaba alfombrado con pencas*** de palma, con el objetivo de bajar con más sedosidad y rapidez.





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(**"yaguacil" en el español dominicano se le llama a ese receptáculo que guarda la flor y el fruto de las palmeras. Al abrirse tiene forma de canoa que es cuando los niños del campo y barrio obreros de la ciudad utilizan (¿? o utilizábamos) como juguete para desplazarse en una pendiente).



*** "penca" llaman los dominicanos a las grandes ramas de hojas con sus nervios de la palma real y la palmera de coco. También suele llamarse así a un racimo de plátano o guineo (banano)).
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Advino alguna tregua. Los combates amainaron. Al principio no percibo tan claro qué pasó. Ahora sé que fue en el momento en que los constitucionalistas ganaban la contienda en menos de una semana. El hecho es que volvimos a nuestra casita de Cristo Rey. Duró poco, hasta  el 28 de abril, fecha cuando llegaron los marines norteamericanos a defender a los reaccionarios y golpistas que trillaban ya el camino de la derrota. Y los combates se vuelven a desatar, pero ahora, además, en defensa de la soberanía nacional contra una invasión extranjera.

Y volvimos a instalar los colchones en la furgoneta...y otra vez vimos alejarse nuestra casita y nuestro barrio. 

Y de vuelta al paraíso.

 Sí, volvíamos al paraíso, pero hubo muchas cosas terribles que  al parecer no discerníamos tan terribles como ahora la percibimos con nuestra consciencia de adultos.

Tan terribles como ver un soldados hacer un conato de dispararnos con su arma mientras marchaba el vehículo por aquella esquina caliente que siempre fue la calle 41 con Ovando. 

Tan terrible  como encontrarnos en la Avenida Kennedy  con Churchill grupos de civiles apostados, armados con fusiles, bates y garrotes que nos detienen para luego  dejarnos pasar al constatar quienes venían en ese vehículo.

Tan terribles e increíbles como que en nuestra primera salida la abuela materna se empecinó tanto en quedarse, que tuvimos que dejarla sola en la casita de Cristo Rey.

 Tan terribles como luego ir a buscarla en el conocimiento de que la guerra recrudecía. Pero ya en la autopista Duarte un civil muy nervioso con su fusil nos ordena parar. Y se montó un rifirrafe: insistía en que le lleváramos a la zona constitucionalista a combatir; se le dijo que no cabía; insistía, tenía la intención de ir encima de la guagua si no había espacio, y nuestro padre: que cómo va a ser, que había niños, y al final se convenció porque dijo: "es verdad, hay muchos inocentes".

Tan terribles que mi abuela, luego de su empecinamiento en quedarse en Cristo Rey, cuando regresamos a buscarla estaba asustadísima porque justo esa noche habían abatido a alguien frente a nuestra casita.


Cosas tan terribles y tristes como cuando fuimos a inquirir acerca de la fecha en la que continuaría el año escolar y ver nuestro colegio, el Don Bosco(2) ocupado como base militar del ejército norteamericano, con sus alambradas, helicópteros y demás pertrechos: es que tenía un inmenso patio y estaba situado en una zona muy estratégica cerca del Palacio Presidencial Era tristísimo ver así el recinto escolar y ese gran patio en donde pocos días antes estuvimos pateando balones de fútbol, comentando películas y cantando melodías del cine recién visto en el mismo plantel; cazando avispas, formados en filas, bebiendo deliciosos mabís de bohuco  de indio(refresco autóctono dominicano), etc. (Años después el patio  fue considerablemente  recortado cuando el Estado dominicano apropió un área para prolongar la Avenida 27 de Febrero).







Sí... de vuelta al paraíso... pero la guerra... con sus corpúsculos distantes...con los ecos de sus rugidos... con sus terribles redobles de tambores  en la lejanía..., quería llamar mi atención... pero que, claro, en ese tiempo, nada, ni nadie podrían llamar jamás. Porque la guerra estaba por allá... y por acá... el único y paradójico paraíso que he tenido... y estaba viviéndolo.









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(1)Soy consciente que el título de este trabajo es redundante, pero me he permitido una licencia de esas que llaman poéticas porque en mi yo concebía así el ritmo de los sintagmas de tal titular.

(2) Que estuviésemos estudiando en este importante colegio siendo una familia de barrio pobre y obrero no carece de sus razones. Es el sacrificio que hacen los padres trabajadores ya que desconfían de las escuelas públicas y están convencidos de que recibirán una mejor educación en las privadas, religiosas y de pago. No carecían de razones mis padres si observamos como hoy día los mismos profesores de estas escuelas no suelen inscribir a sus hijos en las mismas. Lo que es un mea culpa y dice mucho de los maestros si no confían en la educación que ellos mismos imparten.




jueves, 2 de octubre de 2014

EL COHETE DE MÈLIÉS DESPEGA EN REPÚBLICA DOMINICANA




Los sacerdotes del Colegio Don Bosco de Santo Domingo tenían una táctica muy peculiar y original para lograr que los niños fuésemos a la Misa. Existía un carné que cada domingo sellábamos una vez finalizado  el culto católico. Con él, sellado y rubricado, podíamos asistir ese domingo en la tarde a la película que se proyectaba en el cine del colegio, que por cierto tenía unas dimensiones que pocos cines comerciales quizá no poseían en la época.

Pero también cada tanto tiempo en el horario escolar había una proyección para todo el plantel.  Esas mañanas y tardes de cine nos embarcábamos en la nave de Mèliés y vivíamos, con esa máquina de sueños que es el cine, aventuras, pasiones, llantos, risas, espiritualidad, todos deslumbrados por esas primeras películas que veían nuestros ojos: Furia de Titanes, La Novicia Rebelde, Melody, El puente Sobre el Río Kwai, La Pasión de Cristo...Esa metodología clerical impregnó  en mí un gran amor al cine.
Luego en la adolescencia (años 70) aprendí a valorar el cine como arte. Escuchando el programa radial Cine en Santo Domingo de Armando Almánzar día a día, tras mi vuelta del colegio, y otros conducidos por Carlos Francisco Elías, Danilo Ubrí o Humberto Frías.  Esto trajo que siguiera los cine-forums, coordinados por uno de estos críticos mencionados, y los seguía como un poseso en Alianza Francesa, Cine de Radio Televisión Dominicana, cine UASD, etc., que me sumergiera en lecturas de libros de cine, cursillos, difusión de cine de calidad en la organización cultural de la que era miembro y dirigente. Conocí el séptimo arte como forma y sentido, tal como otras manifestaciones artísticas.
Armando Almánzar Rdríguez
Armando Almánzar es uno de los intelectuales que más conocen del mismo y ahora me percato que algunos cineastas dominicanos le atacan porque ha criticado concienzudamente muchas de los filmes que se están realizando últimamente. Y es que apoyar el cine dominicano no es ser condescendiente con lo malo, lo pésimo y lo peor. Es necesaria criticarlo, analizarlo y orientarlo para que avance por un buen camino.


Sabemos que los inicios son difíciles en toda empresa. Sucedió con los pioneros del cinematógrafo. Los lumieres, los meliés. Sólo hay que ver los artilugios, artefactos , máquinas y trucos maravillosos que inventaron, que hoy nos parecerán elementales, pero si nos situamos en su época nos hacen alucinar por lo que fueron capaces de articular: desde pintar a color y a mano cada fotograma, cuando no se había inventado ese proceso químico en el soporte del celuloide;  trucos de sobre-impresiones y hasta unos inicios del 3D  (por cierto aquí en Madrid, en Caixa Fórum, hay una exposición única y muy completa de esos artilugios de Mèliés y otros).

Por tanto, esa dificultad también se nota en este nuevo despegar del cine dominicano. Y todos los amantes del mismo nos alegramos de lo que está pasando. Se ha logrado lo impensable hace 20 años: que las películas dominicanas estén en cartelera de los cine comerciales compitiendo con el tradicional poder de las producciones norteamericanas; obteniendo éxitos de taquilla, recaudando millones de pesos, multiplicándose el número que de ellas se ruedan cada año. Tanto es así que ya se elaboran en internet listas de, por ejemplo, las 30 peores películas dominicanas. Todo  lo cual confirma lo que decimos y ayudará a desarrollarlo.
Recuerdo que cuando veía la calidad con la que eran realizados los primeros anuncios de ron Barceló, me preguntaba por qué esos empresarios licoreros no invertían en el cine con el mismo personal técnico que realizaba esos spot publicitarios de una forma excelente. 

 El cine es negocio,  es una industria y es un arte. Siempre pesa más el negocio que el arte. Así pasa con el cine norteamericano y mundial en general; pero a pesar de todo lo que se trabaja e invierte para sacar sólo beneficio económico, también ha creado obras únicas como Ciudadano Kane o Blade Runner o las obras de Billy Wilder, Frank Capra, Bernardo Bertolucci...Eso está sucediendo ahora con el cine dominicano. Los empresarios están invirtiendo, pero muchos corren demasiado para hacer dinero.  Está primando la taquilla (que no es malo por sí mismo, ya lo dije)  lo populista, lo fácil, lo que quiere y divierte a las masas.
He podido ver varias de esas "pelis" y percibo que hay unos cuantos directores  con buenas intenciones filmando cosas muy serias. La Lucha de Ana, Teniente Amado, Jaque Mate o  Andrea, serían ejemplos. Pero hay muchas comedias insulsas que imitan el estilo televisivo o las horribles norteamericanas al estilo de Adam Sadler. Otras de terror y misterio que también imitan los códigos americanos del género, pero importa mucho que hagan cine y hagan cine y hagan cine. Que copien, si hay que copiar, que imiten en principio.


La película brasileña Ciudad de Dios es una muestra de por donde puede inclinarse el esfuerzo dominicano: es un film perfecto en forma y contenido como tiene que ser todo arte. Quizá la anunciada Cristo Rey trille por ese camino; tiene muchas expectativas. Ya veremos, se estrena en diciembre. 

 Ningún escritor o pintor empezó siendo original. Tomaron referencias de los clásicos o sus contemporáneos consagrados, hasta formar su estilo.  Hay muchos jóvenes latentes con mucha capacidad, esperando financiación para aportar muchas buenas películas. Por ese amor que tengo al cine, sigo su evolución y observo que hay mucho dominio  de las técnicas fundamentales, sobre todo en la fotografía. Cosa que se aprecia hasta en las malas comedietas que se hacen como churros.
Es un gran avance que el Estado dominicano haya elaborado, aprobado una ley de cine, que haya creado la Dirección General de Cine y que Ellis Pérez se esté moviendo a nivel internacional.  Ojalá estas medidas y pasos sean aprovechados efectivamente por los jóvenes aspirante a cineastas dominicanos
Pero claro, en este asunto hay que agregar la demagogia de los políticos que, como en el problema reciente acerca de los haitianos, tildan de antipatrióticos, enemigos del cine dominicano a quien critica ese montón de tonterías que se está haciendo. Le hacen más daño que bien, ya que  pretenden que se vea todo como perfecto, externando "palabritas" de elogio edulcoradas.
Ellis Pérez a quien le ha tocado administrar la primera etapa
de implementación de la Ley de Cine Dominicana
La adulación al poder acecha para bloquear la independencia del artista y para cercenar el desarrollo de los que se pretendan independientes. Vean sino eso de nombrar "presidente del cine dominicano" a Leonel Fernández. Creo que el expresidente ha dado un gran impulso y apoyo a la cinematografía nativa; pero debió ser el primero en rechazar tales homenajes y los cineastas ser más serios y no lisonjear tanto. Este "peloteo"  augura peligros, trabas y discriminaciones en el camino del cine de República Dominicana !y que me equivoque!
Por suerte no escribo con lisonjas para el poder,  para "ponerme donde el capitán me vea". Lo hago porque espero que el cine dominicano produzca muchas obras de un alto nivel artístico.  Aportamos más los que criticamos constructivamente, que los que pregonan frase huecas y expresiones que sitúan todo muy bonito, decente, loable, esos que sólo abren la boca o el ordenador para loar los gobiernos y sentarse a esperar el cargo que sus lisonjas les han granjeado . 
 Lo escrito lo resumo adherido en esta frase de una persona muy calificada y autorizada para orientar, ya que tiene muchos años en esos menesteres igual que Armando Almánzar; es Carlos Francisco Elías: "Toda complacencia crítica es vaga, fútil; no ayuda a enrumbar proyectos; la visión compasiva y paternal no ayuda(...) a crecer; Sí lo ayuda(...) una visión ajustada, crítica, que permita al equipo que hace una película a no cometer los mismos errores anteriores".
Me alegra que la nave de Mèliés despegue en República Dominicana; que apoyemos el cine dominicano actual; que lo critiquemos constructivamente para elevarlo. Así quizás en esta vorágine en la que prima el beneficio económico (que siempre tiene que haberlo), surja la primera obra de arte cinematográfica dominicana de algún Billy Wilder,  Olson Welles, Bertolucci, Scorsese o Spielberg nativos.